Cerrar la brecha de género: el acceso al agua y los retretes es una cuestión de justicia para las mujeres

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Women gather water from the uncovered well at the unprotected water source in Nacoto Village, Nampula Province, Mozambique. WaterAid/Eliza Powell.

¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para lograr la equidad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer en materia de agua, saneamiento e higiene? Mientras comienza la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en Nueva York, Chilufya Chileshe, gerente regional de incidencia política de WaterAid en África Meridional, reflexiona.

El informe Global Economic Prospects (2018) pronostica con optimismo que, por primera vez desde la crisis financiera, la economía mundial (incluidos los países en vías de desarrollo) funcionará este año a plena capacidad o casi. El presidente del Banco Mundial señala que el crecimiento mundial es una buena noticia para luchar contra la pobreza y fomentar la prosperidad compartida.

Añade, sin embargo, que algunas cosas aún le inquietan. Se espera que la condición jurídica y social de las mujeres y las niñas, y las perspectivas sombrías para la mayoría de ellas, sean temas de preocupación. Garantizar que todas las mujeres gocen de los mismos derechos, escapen de la pobreza y participen plenamente en el desarrollo de sus sociedades debe generar preocupación con respecto a la dignidad de las personas.

WASh: Pobreza, problemas e implicaciones

La brecha de género, definida por la participación económica y las oportunidades, la participación política y el logro educativo, sigue siendo muy amplia. Las mujeres, especialmente en África, carecen de acceso a los servicios básicos, los recursos y la información. Como consecuencia, se les niega el acceso al poder y están ausentes de diversos niveles de adopción de decisiones y liderazgo de la sociedad.

La pobreza niega a las personas el acceso a los derechos básicos, como el agua, el saneamiento y la higiene (WASH), y las mujeres y las niñas son las más afectadas.

Un efecto inmediato común de la pobreza en materia de WASH en las mujeres es la elevada carga de las enfermedades diarreicas. Como cuidadoras principales de los hijos, las mujeres son las que más sufren esta consecuencia, pero esto ni siquiera cuenta como una contribución a la fuerza de trabajo mundial.

La imposibilidad de pagar el costo, a menudo elevado, del agua significa que las mujeres caminan largas distancias hacia fuentes de agua insalubres. La insuficiencia de los servicios de abastecimiento de agua e higiene en los centros de salud, especialmente en las maternidades, un lugar donde las mujeres son muy vulnerables, hace que las mujeres y sus bebés recién nacidos corran el riesgo de contraer infecciones.

El informe anual de WaterAid sobre el estado de los baños en el mundo en 2017 señaló que cerca de 123 millones de personas en todo el mundo viven con el temor y la indignidad de aliviarse solas a la intemperie, o en inodoros inseguros o poco higiénicos. Esta situación es más peligrosa para las niñas y las mujeres.

No tener baños en la escuela afecta más a las niñas. La ausencia de un lugar seguro y privado para cambiar y lavar dificulta el manejo de la menstruación para las niñas jóvenes que aprenden a lidiar con los cambios en sus cuerpos y manejar el dolor, y temen ensuciar sus uniformes. En países como Mozambique y Madagascar, donde 44 % y 36 % de la población, respectivamente, no tienen otra alternativa que defecar al aire libre, las niñas faltan a la escuela aproximadamente hasta cuatro días, y muchas otras simplemente abandonan los estudios. No puede insistirse más en la importancia de WASH para garantizar que se respeten los derechos de salud sexual y reproductiva.

Está documentado que las niñas de los países en vías de desarrollo, especialmente en las zonas rurales, pasan la mayor parte del día realizando tareas arduas, lo que limita el tiempo disponible para estudiar. Esto se agrava aún más cuando no hay acceso al agua y los baños o este es deficiente. En África subsahariana, las mujeres y las niñas son las principales portadoras de agua en más de 70 % de los hogares donde hay que recolectar agua. En 2016, UNICEF estimó que las niñas y las mujeres de todo el mundo dedicaban casi 200 millones de horas al día a recolectar agua. Describieron esto con exactitud como “un desperdicio colosal de su valioso tiempo”.

La demanda (de acción)

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) refuerzan nuestra visión de que las mujeres sean empoderadas, y gocen de igualdad de oportunidades e igualdad de participación sin amenaza de violencia. Esto se basa en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, 1979), que adquirió prominencia en la Declaración de Beijing de 1995 sobre el empoderamiento de las mujeres.

En el 62.º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer esta semana, se espera que se reafirmen los compromisos para mejorar las condiciones y defender la dignidad de las mujeres.

La continuación de la pobreza en materia de WASH debe reconocerse como una contribución a los sistemas que afianzan la desigualdad, niegan oportunidades a las mujeres y minimizan sus posibilidades de tener éxito. Es una injusticia para las mujeres y las niñas. El acceso a WASH es un factor importante para gozar de muchos otros derechos; la falta de ellos genera vulnerabilidad e impide o limita el progreso de las mujeres. Reduce las oportunidades de educación de las mujeres y, en consecuencia, los medios de ingresos necesarios para ser independientes y empoderadas. Determina cuánto pueden lograr en sus vidas y, en el caso más extremo, si viven o mueren.

Se requiere mucho más que compromisos para poner fin a esta injusticia. La voluntad política al más alto nivel del gobierno es vital para traducir los compromisos en una mejor coordinación y ejecución de la labor de los ministerios de agua y saneamiento, salud, educación y otros.

La urgente necesidad de que África acelere el progreso hacia el acceso universal a WASH y el empoderamiento de las mujeres, establecido por los ODS, debe ir acompañada de medidas. Los gobiernos, los donantes, los organismos de desarrollo y otros líderes del continente deben comprender plenamente el papel de la pobreza en materia de WASH en el desempoderamiento de la mujer, a fin de garantizar soluciones que respondan adecuadamente.

Los agentes clave, como los reguladores, deben adoptar medidas positivas para garantizar el logro progresivo de los derechos al agua y al saneamiento. El Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y el saneamiento pidió a los reguladores que abordaran problemas concretos, como la baja cobertura de servicios a los barrios más pobres, los asentamientos informales y las zonas rurales y la falta de asequibilidad de los servicios para los más pobres.

Se necesitan importantes inversiones financieras y de tiempo para mejorar el acceso con mayor rapidez. La inversión en WASH es una inversión en el desarrollo de las personas, necesaria para crear capital humano. Como las mujeres son las más afectadas por el acceso inadecuado al agua y a los baños, la inversión en estos elementos esenciales debe ser prioritaria en lo que ONU Mujeres denomina “inversiones que tengan en cuenta las cuestiones de género” necesarias para alinear la acción con los principios, valores y aspiraciones de la Agenda 2030. Esto pondrá a nuestros países un paso más cerca de nivelar el terreno para hombres y mujeres, y asegurar que nuestras economías crezcan equitativamente hacia la prosperidad compartida que podemos lograr en nuestra vida.