Crear un mundo más equitativo para las personas que menstrúan después del COVID-19

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28 May 2020
WaterAid/ Habibul Haque

¿Qué repercusiones tiene el COVID-19 en la agenda mundial de la salud e higiene menstrual? A continuación, la explicación por parte de expertos en WASH (agua, saneamiento e higiene) y en salud.

COVID-19 destaca a los vulnerables entre nosotros en todo el mundo: aquellos que son más vulnerables debido a las condiciones de hacinamiento en que viven; aquellos que deben seguir trabajando a pesar de la amenaza de infección; y aquellos que no pueden absorber el choque del impacto económico de las economías cerradas y la cuarentena.

Es importante destacar que los defensores están llamando la atención sobre muchos aspectos de la pandemia relacionados con el género, incluido el aumento de la vulnerabilidad a la violencia basada en el género durante los encierros, y los riesgos a los que se enfrentan los cuidadores primarios, en particular las mujeres del hogar y los trabajadores sanitarios, de los cuales, aproximadamente 75 % está conformado por mujeres.

Los períodos menstruales no se detienen durante una pandemia

Se estima que 1,800 millones de niñas, mujeres y personas de género no binario tienen periodos menstruales, y esto no ha cesado debido a la pandemia. Siguen requiriendo productos para la higiene menstrual, acceso seguro a inodoros, agua y jabón, y espacios privados, al estar en condiciones de encierro, que han eliminado la privacidad en muchas poblaciones.

Igualmente preocupante es que los progresos ya realizados o en curso en relación con importantes cuestiones de género se han detenido o revertido. La menstruación sirve como un indicador para esta observación. El 2020 comenzó como un año de progreso, con un oleada de interés y potencial para mejorar la inversión para atender las necesidades de salud e higiene menstrual de niñas, mujeres y toda persona que tenga periodos menstruales. Es urgente invertir, ya que un informe reciente arroja que más de 500 millones de mujeres en todo el mundo no cuentan con lo necesario para manejar su periodo menstrual. La incapacidad de hacerlo con seguridad, dignidad y comodidad puede afectar de manera negativa la salud física y mental de quienes menstrúan en todo el mundo.

La atención generada tras una década de investigaciones y esfuerzos de programación para comprender y abordar los desafíos a los que se enfrentan quienes menstruan se ve ahora comprensiblemente marginada ante las medidas salvavidas críticas, como asegurar la provisión de equipo de protección personal e importantes medidas de salud pública para contener la propagación de infecciones.

Sin embargo, los períodos menstruales no se detienen durante las pandemias, por lo que mantener y adaptar los servicios para apoyar la salud y la higiene menstrual es esencial, junto con las prioridades críticas relacionadas con el COVID-19.

Razones para invertir en la salud e higiene menstrual:

  1. Contribuye a la construcción de servicios inclusivos y sostenibles de agua, saneamiento e higiene.

    La salud y la higiene menstrual requieren inversiones en servicios sostenibles de WASH, que son cruciales para la salud de la mujer, la igualdad de género y para mitigar la propagación de futuras pandemias. Durante la pandemia, puede haber mayores vulnerabilidades relacionadas con la menstruación debido a la falta de acceso a estos servicios básicos, en particular en los países de bajos ingresos. La menor disponibilidad de agua, aunada al aumento de las necesidades domésticas de higiene de las manos, incluido el lavado de manos y el jabón, puede significar menos para las necesidades relacionadas con la menstruación, y los baños compartidos o públicos pueden cerrarse o no desinfectarse regularmente, lo que entraña riesgos para la seguridad de quienes dependen de visitar estas instalaciones. La prestación y el mantenimiento continuo de los servicios de WASH son esenciales.
     
  2. Posibles efectos en la salud sexual y reproductiva.

    El ciclo menstrual está fundamentalmente vinculado con la salud sexual y reproductiva. A medida que aumenta la preocupación por la falta de acceso a anticonceptivos por parte de mujeres adolescentes y adultas, y por instruir a los jóvenes sobre salud sexual y reproductiva, contar con información sobre el tema de la menstruación es un hilo fundamental que conecta ambas intervenciones. Las escuelas se cierran, los centros de salud se trastornan, y los programas comunitarios se suspenden o pierden importancia . Estas realidades, a su vez, repercuten negativamente en la divulgación de información esencial, con consecuencias potencialmente perjudiciales a largo plazo para mujeres y niñas. Es necesario utilizar canales alternativos y restablecer los servicios lo antes posible.
     
  3. El potencial de un cambio social positivo.

    Los tabúes y estigmas arraigados en torno a la menstruación persisten en todos los rincones del mundo, lo cual restringe a niñas y mujeres de participar en actividades de la vida cotidiana y crea sentimientos de bochorno y vergüenza. Es probable que esa realidad haya empeorado en las condiciones de vida de extrema cercanía en casa derivadas de la pandemia, con posibles consecuencias para los niveles de ansiedad y estrés de niñas y mujeres cuando intentan adaptarse. La lucha contra el estigma menstrual para cambiar las normas sociales en torno a mantener los períodos en secreto y a la exclusión de las actividades cotidianas a la que son sometidas y no por elección, pueden abordarse. Los comunicados dirigidos a hogares y familias, incluidos hombres y niños, pueden hacer hincapié en que es necesario brindar apoyo para manejar la menstruación durante una pandemia, contribuyendo potencialmente a un cambio social positivo duradero.
     
  4. La capacidad que brinda para resolver cuestiones esenciales.

    Es fundamental resolver el problema de la carencia de acceso a productos para la higiene menstrual, necesarios para asistir a la escuela, al trabajo, ir de compras y realizar otras actividades cotidianas. Estos productos incluyen paños de calidad, toallas sanitarias reutilizables, toallas sanitarias desechables, copas menstruales, prendas íntimas especiales para uso durante el periodo menstrual o cualquier otro producto de preferencia personal o culturalmente aceptado. Según la evidencia, muchas mujeres en entornos de bajos y altos ingresos tenían dificultad para acceder a productos para la higiene menstrual antes de la pandemia. A medida que se cierran los programas de acceso subvencionado a los productos para la higiene menstrual, y que los bancos de alimentos y las organizaciones de servicios no dan abasto, el número de personas necesitadas aumenta. Esta experiencia de pandemia colectiva ofrece una tremenda oportunidad de reconocer que los productos para la higiene menstrual deben figurar en la lista de "artículos esenciales" que debe haber en todos los hogares, con iniciativas simultáneas para reducir los problemas actuales de asequibilidad y acceso.

Las situaciones vulnerables amplifican los problemas

Todas estas cuestiones se agudizan para aquellas personas que se encuentran en situaciones más vulnerables, como las personas indigentes, en cuarentena, desplazadas y discapacitadas.

A medida que la comunidad mundial trata de encontrar soluciones a más largo plazo para las sociedades afectadas por la pandemia, las inversiones en intervenciones sanitarias críticas —tales como los sistemas de salud pública y las vacunas— son importantes pero no suficientes. Es el momento oportuno de invertir en otras áreas fundamentales que abrirían paso a una "nueva normalidad", como lo han pedido tantos líderes políticos. Para volver a encarrilarse, es primordial abordar las desigualdades fundamentales de género de los más vulnerables entre nosotros. Invertir en una nueva normalidad para la salud y la higiene menstrual, acabar con el estigma de la menstruación, proporcionar sistemas de agua y saneamiento, y apoyar la salud y los derechos sexuales y reproductivos es un buen punto de partida.

Este blog fue publicado originalmente en Devex.

Virginia Kamowa es experta técnica del WSSCCen el manejo de la higiene menstrual; Thérèse Mahon es directora regional del Programa de WaterAid de Asia meridional; y Marni Sommer es profesora adjunta de ciencias sociomédicas en la Universidad de Columbia, Nueva York.

WSSCC, WaterAid y la Universidad de Columbia son miembros activos de Global Menstrual Collective, una alianza de organismos con ideas afines que exigen inversiones para asuntos de salud e higienemenstrual.