Detener el daño causado por la falta de agua y retretes en los centros de salud de Malawi

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9 April 2020
WaterAid/ Lis Parham

Los Comités Voluntarios de Gestión de Centros de Salud están exigiendo cambios para impedir que millones de personas en Malawi sigan padeciendo la falta de agua potable, aseos decentes e higiene adecuada. Para saber cómo realizarlos, en noviembre pasado Lis Parham, de WaterAid UK, pernoctó junto con un comité en el centro de salud en cuya transformación están trabajando en una zona rural de Malawi.

Es casi medianoche y estoy sentada en un banco de piedra en la sala de espera de un remoto centro de salud rural en Chikwewo, Malaui. Una sola bombilla parpadea contra el viento creciente. La habitación, sin ventanas ni puertas empotradas, está expuesta a los elementos.

Nos encontramos en el distrito de Machinga, en el sur de Malawi, para hablar con un pequeño equipo de voluntarios que representa a las 98.000 personas que dependen de este centro de atención primaria. Se trata del Comité de Gestión de Centros de Salud (HCMC), que es la voz, la organización de defensa, de la gente y está haciendo que sucedan cambios incluso antes de que comience el trabajo de nuestro proyecto.

En Malawi, una de cada tres personas vive sin agua potable, y más de la mitad no tiene un retrete decente. La situación en los centros de salud es igualmente preocupante, ya que solo menos de un tercio (descargar PDF) tiene materiales de higiene de manos disponibles en todos los puntos de atención. Esto pone a los pacientes y a los trabajadores de la salud en grave riesgo de contraer infecciones mortales.

Sin embargo, la ley dispone que los alumbramientos los atienda una partera calificada, como un esfuerzo para reducir la mortalidad materna e infantil en el país, que es una de las más altas del mundo. Al menos un mes antes del parto, las mujeres deben acudir a centros de salud como el de Chikwewo, donde ellas y sus cuidadores se enfrentan a una falta de servicios básicos que pone en peligro su vida.

Andrew Walker (jefe de comunicación, Scottish Water), Yankho Mataya (jefe de recursos y movilización de WaterAid Malawi) y Lis Parham (funcionario principal de comunicaciones de WaterAid UK) hablando con el Comité de gestión del centro de salud en el centro de salud Chikwewo.
WaterAid/Dennis Lupenga
Andrew Walker (Scottish Water), Yankho Mataya (WaterAid Malawi) y Lis Parham (WaterAid UK) hablan con el Comité de gestión del centro de salud fuera del centro de salud de Chikwewo.

Colaborar con los comités locales es una parte crucial de lo que hacemos

El viento va en aumento. Hemos estado conversando con el equipo de diez personas desde hace horas, escuchando sus esperanzas y temores respecto al nuevo proyecto de WaterAid que proporcionará instalaciones de agua, saneamiento e higiene (WASH) y transformará el centro de salud de Chikwewo y otros tres en la región sur. El proyecto será financiado por el Fondo de Desarrollo Internacional del gobierno de Escocia, Scottish Water y otros donantes y fideicomisos importantes del Reino Unido.

El Comité, compuesto por representantes de las aldeas circundantes reunidos por el gobierno de distrito, es el puente entre la comunidad y el personal sanitario. Sus tareas van desde resolver disputas hasta auditar existencias de medicamentos y presentar informes al Ministerio de Salud sobre todo, desde el mantenimiento hasta la mala gestión.

«El papel principal del Comité de Gestión de Centros de Salud, o HCMC, es la rendición de cuentas», dijo Clifton Kawanga, especialista en comunicaciones de WaterAid Malawi. «Las comunidades necesitan apoyo para comprender la situación del centro de salud. Esta conversación ayuda a la transparencia y el manejo de la relación entre los pacientes y el personal. Si no estuviera aquí, el personal no tendría una manera eficaz de exponer sus dificultades, como el acceso limitado a agua, saneamiento e higiene, medicamentos o equipos. Y ahí es cuando la tensión aumenta».

Trabajar con un comité local es, por lo tanto, una parte crucial de nuestro trabajo. Sin una representación comunitaria que involucre a mujeres (es obligatorio que el 40% del equipo esté constituido por mujeres) y hombres, se desconocerían las necesidades reales de la gente.

«Al asegurar que la comunidad participe en la toma de decisiones desde el principio, pueden dar forma al proyecto para hacerlo suyo, compartiendo su experiencia de primera mano. Esto es lo que hace que un proyecto sea sostenible, porque le pertenece a la comunidad. Por lo general, los miembros ya están bastante involucrados en los asuntos de sus propias aldeas, por lo que conocen las dificultades que afrontan sus comunidades. Sin ellos, no podíamos llevar a cabo el trabajo de nuestro proyecto.

«Debe tenerse en cuenta que WaterAid Malawi valora la voz de las comunidades. Esto nos ayuda a realizar nuestro trabajo en las áreas donde estamos pues nos permite saber si las comunidades están satisfechas o no con las instalaciones de WASH que rehabilitamos o construimos», dijo Kawanga.

La sala posparto del centro de salud de Chikwewo, Machinga (Malawi).
WaterAid/Lis Parham
La sala posparto del centro de salud de Chikwewo. Las mujeres suelen permanecer 48 horas después de dar a luz. Sin agua limpia, inodoros decentes o buena higiene, el riesgo de contraer una infección es alto.

Los comités infunden confianza y despejan los temores

Depósitos de agua vacíos se ciernen sobre la zona principal de reunión en el exterior y bajo nuestros pies yacen tuberías inactivas. Esto flota sobre nuestra conversación al principio. Una palabra que surge constantemente es "dolor". La situación le duele a los miembros del comité. Les duele ver a las mujeres obligadas a vivir en esas condiciones, que se han convertido en normales. También les duele la espera, pues saben que la ayuda está prevista pero aún no se ha puesto en marcha. El dolor de los fracasos anteriores da una base real a esta ansiedad.

El comité sabe que el centro no cumple las normas nacionales de salud y seguridad debido a la falta de agua, y existe el temor de que se cierre. Anteriormente conocimos a una mujer que había caminado más de 42 kilómetros —equivalentes a un maratón— a los ocho meses de embarazo para llegar a dar a luz a este centro. ¿Podría pedirse a ella y a otras que caminaran más para llegar a otro centro?

El punto de abastecimiento de agua más cercano está en el mercado local, a unos diez minutos a pie. Si una mujer da a luz por la noche, no es extraño que su acompañante (por lo general un miembro de su familia) tenga que ir a buscar agua adicional en ese momento. En plena oscuridad, eso no es seguro. En tal situación, tampoco es extraño que una mujer "aguarde" hasta la mañana, lo que implica que permanezca sentada y sin lavarse. Esto es indigno y antihigiénico. Y es parte del dolor.

But life is changing

Since the district formed the HCMC in July 2018, they’ve challenged their communities to contribute to their own development. From liaising with village chiefs to build the committee’s local influence, to mobilising support from villagers to fund buying or making of bricks and cement, the HCMC are making things happen. As a result, women are receiving antenatal care and uptake of vaccines is increasing.

The committee has demanded more consistent care from medical staff and helped communities understand what should be delivered. This mutual understanding has eased tensions between staff and patients, clarifying issues from opening times to service levels. They have even made sure a local law was changed to control when medicine deliveries occur so they are always able to audit them.

As a lynch pin between the health centre and local authorities, the committee’s reports and activities feed into the chain that ultimately demands better resourcing for these facilities at a district level. The human right to health is recognised internationally, and by working side-by-side with these groups, we help progress that conversation so they can demand resourcing, accountability and transparency from duty bearers.

When clean water and toilets arrive, lives will be saved

But the HCMC team’s job won’t be over when clean water arrives. They know they’ll need to keep working to make sure the new facilities are maintained. Indeed, they’ll be instrumental in educating patients in how to use them. The women, they said, will then be able to "tell the difference between the health facility and home".

The showers will be flowing, in place of dry dusty cubicles. They hope to stop women sleeping on the floor. They’ll also be able to ensure life-saving infection prevention control procedures are in place, and the HCMC’s vision is that women will take this vital advice home with them. All these improvements will mean women will want to come to the health centre, rather than risk a home birth; the changes will motivate women to comply with the law, and will save their lives.

A vision for the future

And so change begins. But where would you start if you couldn’t get past the first hurdle – clean water, decent toilets and good hygiene? With all three, people can lead safer, more dignified lives. Women can give birth in a hygienic place and the staff who care for them can minimise risks to their patients and themselves. 

When these three vital services are in place, the HCMC will focus on the next target. In fact, they already have a list: a bigger hospital to serve the large catchment area; an ambulance so staff can respond better to emergencies; a communications system so there is easier contact with the district hospital; and a solar power source so they aren’t caught out in power cuts. Their momentum will change what has become normal.

“HCMCs are integral to the success of our project work in healthcare,” Kawanga said. “These communities are remote. Their insight helps us understand what is needed and to give us the balance we need, alongside other authorities, to design an effective, sustainable project. We can’t go into a community to work without working with them. They challenge established practices and keep asking important questions throughout.”

As the rain starts to fall, and the noise on the tin roof forces a pause in our conversation, I’m left holding the thought that what I’ve seen tonight is as exciting as seeing water flowing from a new borehole. This group is the embodiment of what we talk about when we describe changing normal. They don’t accept what has become normal here at Chikwewo, and neither do we.

Lis Parham is Senior Partnership Communications Officer at WaterAid UK.

We are still fundraising for this project, Deliver Life to Mothers, Girls and Children in the Southern Region of Malawi. If you are a major donor, trust or foundation, please get in touch with our Philanthropy and Trusts team to see how you can lend your support to this life-changing project. Visit our Philanthropy and Trusts web pages, or email [email protected]