Solo hay que agregar agua: un análisis del panorama del financiamiento climático para el agua

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WaterAid
WaterAid/ DRIK/ Habibul Haque

En julio de 2020, encargamos al Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI, por sus siglas en inglés) que analizara cuánto dinero se destinaba a la adaptación y la resiliencia a nivel mundial; qué porcentaje de eso se destinaba a los programas de agua y servicios de WASH; de dónde provenía ese dinero; y a dónde se destinaría. Este análisis del panorama de la financiación para asuntos climáticos para programas relacionados con el agua nos ayudará a establecer dónde deben considerar la posibilidad de volver a priorizar la inversión en asuntos climáticos los donantes y los Gobiernos nacionales, así como a analizar qué obstáculos debemos superar para liberar las muy necesarias inversiones.

Las conclusiones del informe demuestran lo que ya sabemos de nuestra labor en campo: que, a pesar de la crisis climática que se está produciendo ante nuestros ojos, desde las inundaciones en Pakistán hasta las sequías en Zambia, el mundo no está preparado ni responde con la urgencia necesaria. Las comunidades vulnerables, que no tienen emisiones de carbono de las que hablar, tienen una necesidad vital de apoyo para el clima, y sin embargo, de la financiación para asuntos climáticos, solo 5 % se destina actualmente a la adaptación al cambio climático, aproximadamente USD 30,000 millones al año.

Si bien los flujos hacia la adaptación no están cerca de los niveles que necesitamos ver, dentro de ellos se reconoce el papel crítico del agua —como parte clave de cualquier comunidad resiliente y con un riesgo significativo de sequías e inundaciones—. El sector del agua recibe una parte sustancial de los fondos comprometidos relacionados con la adaptación: 43 % del total anual desde 2011, en promedio, con una financiación de USD 11 mil millones de dólares en 2018 para la gestión del agua y las aguas residuales.

Sin embargo, los servicios de WASH son una parte muy pequeña de esa inversión, y los principales beneficiarios han sido países de ingresos medianos, que han recibido apoyo mediante préstamos que representan el 86 % de esta financiación. Este apoyo para aspectos climáticos en muchos casos no es adicional a los compromisos de ayuda existentes, lo cual significa que las comunidades vulnerables de naciones muy endeudadas, incluso cuando pueden lidiar con los complejos requisitos para la financiación de asuntos climáticos, quizá deban optar ya sea por endeudarse más o arriesgarse a padecer los impactos económicos de las crisis impredecibles. El resultado es que no solo no es suficiente comprometerse, sino que la inversión ni siquiera se dirige a los países vulnerables.